Ya sabéis, porque lo he dicho aquÃ, del sopor que me provocan en disco Facto Delafé y Las Flores Azules. Más allá de una canción (‘Enero en la playa’), lo suyo es un quiero y no puedo: ni electrónica suave ni hip-hop sensible. Lo suya es una propuesta cargada de pretensiones, de querer ser profunda y novedosa, que se queda en nada, en la epidermis.
Pese a todo, tenÃa ganas de verles de nuevo en directo para comprobar si, como decÃan muchos, la cosa cambiaba en vivo, si sobre el escenario eran capaces de desplegar toda la emoción que en sus discos apenas aparece. Pues bien, ya tengo la respuesta y es no. Técnicamente, el concierto de Facto Delafé y Las Flores Azules en Logroño fue perfecto: sonó a las mil maravillas (siempre que estuvieras delante) y hubo confettis, pompas de jabón y proyecciones adecuadas para hacer de aquello un cuento de hadas. Pero, de nuevo, todo se queda en la superficie, en un quiero y no puedo.
Es una lástima, porque los tres componentes del grupo son mejores músicos de lo que Facto Delafé demuestran. Helena Miquel, por ejemplo, canta a las mil maravillas, aunque en vivo tiene un punto new age que arruina muchos tramos del concierto. O lo que es peor: si te dicen que éstos son los nuevos Presuntos Implicados, te lo crees.
Ahora bien, su música no pasa de ser muzak disfrazado de hip-hop. O mejor dicho, hip-hop al que se le ha quitado todo el hueso ytoda la chicha para vendérselo a la gente a la que no le gusta el género.
Las bases, que ni pinchan ni cortan, no dejan de ser lo que en disco: música para ascensores/tiendas natura/consultas de médicos y dentistas. Y los rapeados ni tienen flow ni nada: son de lo más monótono que uno ha escuchado en mucho tiempo. Eso sÃ, de repente todos los asistentes parecÃan haberse convertido a una nueva religión musical: ¡Oh, Dios, el rap puede ser bonito! Pues sÃ, pero no aquà y de este modo.
Luego están esas letras, esa poesÃa de adolescente, que siempre dan la sensación de que quieren descubrirte un mundo nuevo y lo único que hacen es encadenar tópico tras tópico, como sacadas del libro de estilo del “buen joven moderno y sofisticado” o, peor, de una novela de amor de Danielle Steel.
Hubo momentos agradables (sÃ, ‘Enero en la playa’, pese a todo, tiene garra, justo lo que les falta a las demás; también ‘La Juani’ sobresalió), algunos decepcionantes (‘Mar el poder del mar’, en vez de sonar tan sutil como en disco, ahora se ha convertido en una canción pomposa y con demasiadas ganas de querer ser un himno), y otros directamente lamentables. Por ejemplo, la nueva canción presentada, muestra del peor lado hacia el que pueden escorarse Facto delafé y las flores azules, les dejó a la altura del barro: ¿lo próximo qué será? ¿Un nuevo “mi abuela/ arroz con habichuelas”?
Hubo un momento revelador, cuando desde el suelo, Óscar D’Aniello comenzó a repetir “no nos menospreciemos”. De acuerdo, pero que tomen nota. Justamente eso es lo que están haciendo ellos con este grupo: Menospreciarse, rendir por debajo de sus presuntas posibilidades, encerrarse en un universo vacÃo y pretencioso y convertirse en algo muy, pero que muy parecido a La Oreja de Van Gogh.
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